El Superior Provincial concluye en Barcelona la visita pastoral a todas las comunidades

Los pasados 28 y 29 de julio, el Hno. José Carlos Bermejo, Superior Provincial de los Religiosos Camilos en España, concluyó en la comunidad de Barcelona la visita pastoral realizada durante los últimos meses a todas las comunidades de la Provincia Española. Con este último encuentro culmina un importante itinerario de escucha, discernimiento y comunión fraterna que ha permitido conocer de primera mano la realidad, los desafíos y las esperanzas de cada una de las presencias camilianas.

La visita pastoral comenzó entre finales de marzo y principios de abril en la comunidad de Vagues, coincidiendo con la Semana Santa. Continuó durante el mes de abril en Valencia, prosiguió en mayo con las comunidades de Sevilla y Sant Pere de Ribes, llegó en junio a Tres Cantos y finalizó ahora en La Baja de Sant Pere (Barcelona).

Una visita para escuchar, acompañar y fortalecer la misión

La visita pastoral constituye uno de los momentos más significativos de la vida provincial. Más allá de su dimensión canónica, representa una oportunidad para compartir la vida de las comunidades, fortalecer la fraternidad, revisar la marcha de la misión y discernir juntos los caminos que el Espíritu va abriendo para responder a los nuevos desafíos del mundo de la salud y del cuidado.

Durante estos meses, el Superior Provincial ha mantenido encuentros personales con los religiosos, reuniones comunitarias y visitas a las distintas obras apostólicas, escuchando con atención las experiencias, inquietudes y proyectos que animan la vida de la Provincia.

Barcelona, una comunidad al servicio del cuidado y la escucha

La visita concluyó en la comunidad de La Baja de Sant Pere, una presencia histórica de los Religiosos Camilos en Barcelona, cuya misión continúa desarrollándose desde una profunda cercanía a las personas enfermas y vulnerables.

La comunidad está integrada por el P. Sena Elysee Gbedji, superior de la comunidad, capellán del Hospital Clínic de Barcelona y del Hospital San Rafael, además de estudiante de Medicina; el Hno. Félix Mendaza Ortigosa, primer consejero local, dedicado al servicio de la comunidad y de la iglesia; y el P. Mateo Biju Joseph, ecónomo de la comunidad, capellán del Hospital San Rafael, referente provincial para CADIS y coordinador del Centro de Escucha de Barcelona.

El P. Agustín Bado participa en el II Congreso Mundial de Personalismo

Del 20 al 23 de julio de 2026, el P. Agustín Bado, MI, religioso camilo de la Provincia Española, participó en el II Congreso Mundial de Personalismo, celebrado en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), uno de los principales encuentros internacionales dedicados al estudio de la filosofía personalista y de la centralidad de la persona en los distintos ámbitos del pensamiento y la acción social.

El Congreso reunió a investigadores, profesores y especialistas de diversos países para profundizar en la noción de persona desde una perspectiva filosófica, teológica, psicológica, social y política. Organizado conjuntamente por la Asociación Española de Personalismo, la Asociación Iberoamericana de Personalismo, la International Conference on Persons y el American Institute for Philosophical and Cultural Thought, el encuentro se desarrolló en formato presencial y online, convirtiéndose en un espacio privilegiado para el diálogo interdisciplinar y el intercambio académico.

En este marco, el Dr. Agustín Bado tuvo una destacada participación como moderador de la Mesa 2, titulada «Vulnerabilidad y cuidado: una mirada personalista a la práctica sanitaria», dedicada a reflexionar sobre los fundamentos antropológicos del cuidado y los desafíos éticos que plantea la atención a las personas más vulnerables.

Asimismo, presentó la comunicación «Personalismo y humanización de la salud. Fundamentos antropológicos y aplicaciones clínicas», en la que defendió que la humanización del cuidado solo puede comprenderse plenamente desde una visión integral de la persona. Su intervención puso de relieve que el personalismo ofrece una sólida base antropológica para promover una asistencia sanitaria que reconozca la dignidad inalienable de cada ser humano y favorezca una atención centrada en la persona, más allá de la enfermedad o de la mera dimensión técnica de los cuidados.

En un contexto sanitario marcado por el rápido desarrollo tecnológico, los cambios demográficos y la creciente complejidad asistencial, encuentros como el II Congreso Mundial de Personalismo recuerdan la necesidad de seguir situando a la persona en el centro de toda práctica clínica. Una convicción que forma parte de la identidad del Centro San Camilo y de la misión de los Religiosos Camilos desde hace más de cuatro siglos: cuidar con ciencia, competencia y, sobre todo, con un corazón profundamente humano.

El Centro San Camilo se une a la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores

Con motivo de la fiesta de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María y patronos de los abuelos, los Religiosos Camilos celebrarán el próximo domingo 26 de julio, a las 11:00 horas, una Eucaristía en el Centro San Camilo de Tres Cantos para dar gracias por la vida de las personas mayores y renovar el compromiso de acompañarlas con dignidad, cercanía y esperanza.

La celebración se enmarca en la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, convocada por el papa León XIV bajo el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), una invitación a reconocer el valor insustituible de quienes han construido nuestras familias, comunidades y sociedad, y a combatir la soledad que afecta a tantos mayores.

Una jornada para agradecer la vida de nuestros mayores

Ese mismo día, a las 12:00 horas, la Catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá la celebración diocesana de esta Jornada Mundial, organizada por la Delegación Episcopal de Pastoral de la Salud, junto con la Delegación de Familia y Vida, Cáritas Madrid, Vida Ascendente y CONFER Madrid.

La iniciativa invita a parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales a celebrar este día como una oportunidad para acercarse a los mayores, escuchar sus historias, valorar su experiencia y fortalecer los lazos entre generaciones.

«Yo no te olvidaré»: un mensaje que interpela a toda la Iglesia

En su mensaje para esta Jornada Mundial, el papa León XIV recuerda que la promesa de Dios —«Yo no te olvidaré» (Is 49,15)— es también una llamada dirigida a toda la comunidad cristiana. Frente a la cultura del descarte, el anonimato y el aislamiento, el Santo Padre invita a descubrir en las personas mayores una riqueza humana y espiritual imprescindible para la Iglesia y para la sociedad.

El Papa presenta la vejez no como un tiempo de resignación, sino como una etapa fecunda, capaz de transmitir memoria, reconciliación, esperanza y paz. Asimismo, anima especialmente a los jóvenes a salir al encuentro de sus abuelos y de las personas mayores, cultivando relaciones de cercanía y afecto que hagan visible el amor de Dios.

El compromiso del Centro San Camilo con las personas mayores

Esta Jornada Mundial tiene una especial resonancia para los Religiosos Camilos y para el Centro San Camilo, donde cada día se hace realidad el carisma de San Camilo de Lelis a través del cuidado integral de las personas mayores.

En la residencia, en la Unidad de Cuidados Paliativos, en el Centro de Día, en la atención espiritual, en el acompañamiento al duelo y en los programas de formación en humanización de la salud, el Centro trabaja para que cada persona sea acogida con respeto, profesionalidad y cercanía, reconociendo su dignidad hasta el final de la vida.

Celebramos la Fiesta de San Camilo

Hoy, 14 de julio, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Camilo de Lelis, fundador de la Orden de los Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos), patrono de los enfermos, de los hospitales y de los profesionales de la salud.

Conocido como el «gigante de la caridad», San Camilo revolucionó la atención a los enfermos al situar en el centro la dignidad de la persona, promoviendo un cuidado integral que uniera la competencia profesional con la ternura, la compasión y el amor evangélico. Su célebre invitación a «poner más corazón en las manos» continúa inspirando, más de cuatro siglos después, la misión de los Religiosos Camilos y de tantas personas comprometidas con el cuidado de quienes sufren.

En esta jornada de fiesta, damos gracias a Dios por el legado de San Camilo y renovamos nuestro compromiso de seguir haciendo presente su carisma allí donde hay enfermedad, fragilidad y sufrimiento, llevando esperanza, consuelo y humanidad a quienes más lo necesitan.

La muerte de Camilo tuvo lugar en Roma, a los 64 años, en la casa de La Magdalena, que aún hoy se conserva como casa generalicia de la Orden.

El proceso final de Camilo no fue de unos días… Camilo se sintió particularmente débil unos meses antes, no pudiendo ir al hospital como los demás (como cuidador) y sintiendo envidia: “Dichosos vosotros, que habéis estado en aquella santa viña, sirviendo a los pobres enfermos”, les decía a sus compañeros que iban al hospital, al que él llamaba viña.

Un día de su última primavera en que el médico le dejó salir de la casa de la Magdalena, donde él tenía certeza de morir, pidió al carrocero que se dirigiera hacia el hospital del Espíritu Santo, que para él era el jardín donde se respira el aire que solo hay en el paraíso. Allí entró con ayuda de dos religiosos y conversó con los enfermos a los que les dio su bendición y expresó su deseo de estar siempre con ellos. Sentía una particular “atracción” hacia el hospital. Decía que tenía imán para él.

Durante los últimos meses, Camilo mendigaba apoyo espiritual al estilo de la época, solicitando que celebrase por él la Eucaristía e hicieran oraciones. Le visitaban y buscaban su bendición y su intercesión, así como el deseo de conservar algo suyo simbólicamente.

Camilo tuvo la posibilidad, en las últimas semanas de su vida, de despedirse por escrito con una Carta Testamento con algunas recomendaciones. En esta Carta Testamento, son claras las preocupaciones de Camilo al final de su vida y los deseos de morir cerrando el círculo biográfico. Con conciencia de continuidad para sí mismo en manos de Dios y de continuidad para la Orden, pide comunión espiritual, transmite su deseo de fidelidad en la pobreza y en la misión de la Orden de servir a los enfermos, así como expresa su deseo de que no se malogre la identidad hecha de religiosos sacerdotes y laicos, con su particular originalidad. Una herencia hermosa de un hombre apasionadamente entregado a la humanización del mundo del sufrimiento y conocedor de las vulnerabilidades de los religiosos y de la misma condición humana.

En los últimos días, ordenó que pintaran un cuadro, concretamente que se pintase un Cristo muerto en la cruz, y en la parte superior el Padre eterno, y el Espíritu Santo en forma de paloma en los lados, llenos de la sangre derramada por Jesús; y al pie de la cruz, María orando por Camilo.

El 6 de julio hizo que todos los padres y hermanos se sentaran, y habiendo pedido licencia al Padre General para decir algunas palabras, les exhortó a todos a la observancia del Instituto, en particular a la fervorosa caridad con los enfermos, a la unión y caridad entre sí mismos, a la pureza del corazón y del cuerpo, a la pobreza, obediencia y humildad, que no perdiesen el ánimo por las grandes borrascas y persecuciones que había vivido la Orden, porque todos los principios eran dificultosos. Al fin, derramando muchas lágrimas, según su biógrafo Sancio Cicatelli, dijo:

“Padres y hermanos míos, yo pido misericordia a Dios, y después demando perdón al Padre General y a todos los demás, de cualquier mal ejemplo que les haya dado en el pasado, asegurándoles que más ha procedido de mi poco saber, que de mala voluntad”. Y a todos, presentes y ausentes, les dio la bendición.

A continuación, el Padre General y los presentes le pidieron perdón y se despidieron entre lágrimas, besándole las manos.

Le trajeron el cuadro que había encargado, pero el confesor había hecho pintar al mismo padre Camilo arrodillado ante la cruz, junto a la Virgen. Camilo exclamó: “Señor, vos sabéis que no ha sido esta mi intención; pero como habéis querido que me pongan debajo de vuestros pies, y de la protección de vuestra Santísima Madre, sea para que yo espere más misericordia, y que me caiga alguna gota de vuestra sangre, que con abundancia me purifique” . Quiso acomodar el cuadro en lugar donde le pudiese ver para meditar el misterio que representaba, como hiciera San Agustín con los Salmos Penitenciales.

Le pidió al enfermero que cuando se muriese, que le repitiese palabras de esperanza hasta cuarto de hora después de muerto.

Según sus escritos, el 10 de julio Camilo confirma su Testamento espiritual que pediría que se lo pusieran al cuello después de muerto. Al demonio tentador le deja Camilo “todos los pecados y todas las ofensas que he cometido contra Dios”; al mundo, “todas las vanidades”; a Jesús, “mi alma”; a San Miguel Arcángel, “todo el intelecto”; a María Virgen y Madre, “mi voluntad”; y de nuevo a Jesús crucificado, in extremis, “todo mi ser, en alma y cuerpo”.

La mañana del domingo 13 de julio le dijo a un padre que le velaba: “No sé si estos padres han pensado ya en las cosas necesarias para mi entierro”. Respondió el padre que ya se había hablado de eso. Añadió Camilo: “Advertid que no hay más tiempo que mañana”.

La mañana del 14 de julio, último día de su vida, le visitó de nuevo el Cardenal Ginnasio Protector. Después preguntó qué hora era, al escuchar dar el reloj. Eran las ocho. El dijo “cómo tan tarde, que esta será la última Misa que oiré”. Estaba realmente preocupado por su salvación. Acabada la misa rogó al confesor que no se apartase de su cama por si le viniera a la mente alguna cosa que pudiese confesar.

Al médico, después de agradecerle, le dijo: “Otro médico me espera”. Así pasó algunas horas rodeado de los suyos hasta que, a las 21.30, falleció a los 64 años de edad, 40 años después de su conversión y 28 después de que aprobó su Congregación Sixto V y 20 después de elevada a Orden por el papa Gregorio XIV. Fue enterrado por la noche, por indicación del papa, a la vista del revuelo que se generó en Roma.

 

A la muerte del Fundador , la Orden Ministros de los Enfermos contaba con 299 religiosos, 154 sacerdotes y 145 hermanos, en 17 casas repartidas por casi toda Italia y divididas en 5 provincias .

Hoy, al celebrar el recuerdo de aquel 14 de julio de 1614, podemos quedarnos con algunas de sus bendiciones, como la del 10 de julio de 1614: «Con esto acabo, enviando a todos (en cuanto me es concedido por Dios nuestro Señor, y de su parte) mil bendiciones; no solo a los presentes, sino también a los futuros que sean operarios de esta santa Orden hasta el fin del mundo».

Descargar carta y testamento Espiritual de San Camilo

El P. Agustín Bado acompaña la peregrinación valenciana a Lourdes

Durante los días 1 al 5 de julio de 2026, el P. Agustín Bado, superior de la comunidad de Valencia de los Religiosos Camilos, ha participado en la Peregrinación Diocesana de la Hospitalidad Valenciana de Nuestra Señora de Lourdes, ofreciendo acompañamiento espiritual, celebraciones sacramentales y cercanía pastoral a los peregrinos durante su estancia en el santuario mariano.

La Hospitalidad Valenciana de Nuestra Señora de Lourdes, fundada en 1927, organiza cada año esta peregrinación con el objetivo de facilitar la participación de personas enfermas, con discapacidad y sus familias, gracias a la entrega de cientos de voluntarios, profesionales sanitarios, sacerdotes y colaboradores que hacen posible una experiencia de fe, esperanza y servicio.

Durante cinco días, cerca de 1.200 peregrinos participan en las celebraciones litúrgicas, la oración comunitaria y los actos propios del Santuario de Lourdes, viviendo una intensa experiencia de encuentro con Dios y de fraternidad. En este contexto, la presencia del P. Agustín Bado ha permitido acompañar espiritualmente a los enfermos, administrar los sacramentos y compartir el carisma camiliano allí donde el sufrimiento se encuentra con la esperanza.

Para los Religiosos Camilos, Lourdes representa un lugar privilegiado donde hacer visible la espiritualidad de San Camilo de Lelis, que invita a descubrir en cada persona enferma el rostro de Cristo y a servirla con misericordia, ternura y competencia. La atención espiritual, la escucha y la celebración de la fe se convierten así en un verdadero ministerio de consuelo para quienes viven la enfermedad y para quienes dedican su tiempo al cuidado de los más frágiles.

La participación del P. Agustín Bado en esta peregrinación refuerza el compromiso de la Provincia Española de los Religiosos Camilos con la pastoral de la salud, colaborando con iniciativas eclesiales que promueven una Iglesia cercana a quienes más necesitan ser acompañados, haciendo del servicio un auténtico camino de evangelización y esperanza.

El P. Arnaldo Pangrazzi aporta la visión cristiana en el Foro Espiritual Interreligioso de Estella

Del 3 al 5 de julio, la ciudad navarra de Estella-Lizarra acogió una nueva edición del Foro Espiritual Interreligioso, un espacio de encuentro y diálogo entre representantes de distintas confesiones religiosas y tradiciones espirituales que, este año, reflexionó bajo el lema «Sanar la herida. Del sufrimiento a la esperanza».

Durante las jornadas participaron representantes de las tradiciones cristiana, budista, hinduista, judía, sufí y de la espiritualidad universal, entre otras, compartiendo la riqueza de sus respectivas visiones sobre una cuestión profundamente humana: cómo afrontar y sanar las heridas de la vida.

En representación de la tradición cristiana intervino el P. Arnaldo Pangrazzi, religioso camilo de la comunidad de Tres Cantos (Madrid), reconocido internacionalmente por su trayectoria en el ámbito del acompañamiento al duelo, la humanización de la salud y la atención espiritual.

En las mesas de diálogo interreligioso, el P. Pangrazzi compartió la aportación del cristianismo para afrontar algunas de las heridas que más afectan a la persona, como el duelo, el abandono, la traición y la ruptura de vínculos, la injusticia, la culpa y la vergüenza, así como la discriminación y el sentimiento de no pertenencia. Desde la fe cristiana, destacó el valor del perdón, la esperanza, la reconciliación y el acompañamiento como caminos de sanación integral.

Además, impartió la conferencia «La herida del suicidio y su impacto en la familia y en la sociedad», en la que abordó las profundas consecuencias humanas, familiares y sociales que deja esta realidad, subrayando la importancia de una escucha compasiva, del acompañamiento en el duelo y de la creación de comunidades capaces de sostener el sufrimiento sin dejar a nadie solo.

La presencia del P. Arnaldo Pangrazzi en este foro refleja el compromiso de los Religiosos Camilos con el diálogo, la cultura del encuentro y el cuidado integral de la persona. Fieles al carisma de San Camilo de Lelis, los Camilos continúan promoviendo una espiritualidad que sitúa a la persona herida en el centro, convencidos de que el cuidado, la compasión y la esperanza son un lenguaje universal capaz de tender puentes entre culturas, religiones y sensibilidades diferentes.

Emotiva despedida a José Manuel Martínez tras 19 años de servicio en San Camilo

El pasado 23 de junio, el Centro San Camilo de Tres Cantos —integrado por el Centro de Humanización de la Salud y el Centro Asistencial— rindió un emotivo homenaje a José Manuel Martínez, quien se jubila tras 19 años de servicio como gerente, dejando una profunda huella en la vida de la institución.

El acto, conducido por Francisco Javier Rodríguez, actual director asistencial y de Recursos Humanos, quien asumirá el relevo de la gerencia, estuvo marcado por el agradecimiento, la cercanía y la emoción. La celebración comenzó con un vídeo que recorrió algunos de los momentos más significativos de la trayectoria de José Manuel en San Camilo.

Durante su intervención, el superior provincial y director general del Centro, José Carlos Bermejo, agradeció la entrega generosa de José Manuel y destacó algunas de las virtudes que han marcado su servicio: su identificación con el carisma camiliano, su lealtad institucional, su amor por la misión, su valentía en los momentos difíciles, su esperanza y su libertad interior. Bermejo subrayó especialmente su compromiso con la sostenibilidad de la obra, su cercanía a las personas y su capacidad para mantener siempre en el centro a los más vulnerables.

A continuación, varios compañeros tomaron la palabra para expresar su gratitud, recordando su sencillez, su alegría, su disponibilidad y su especial sensibilidad hacia trabajadores, voluntarios y residentes.

En su intervención final, José Manuel evocó con emoción sus primeros años vinculados a los Camilos como aspirante y novicio, una experiencia que marcó profundamente su manera de entender la vida y el servicio. Recordó también su llegada al Centro San Camilo hace casi dos décadas, agradeciendo la confianza recibida, el trabajo compartido y el apoyo constante de su familia, a la que reconoció como pilar fundamental de su trayectoria.

Con gratitud por estos años de dedicación, la familia camiliana despide a quien ha vivido su responsabilidad profesional como una auténtica vocación de servicio. Como recordaba San Camilo de Lelis, «más corazón en las manos», una expresión que resume bien el legado que José Manuel deja entre nosotros: una gestión al servicio de las personas, inspirada por el cuidado, la cercanía y la fidelidad a la misión.

Graduados para cuidar: una nueva promoción al servicio de la humanización

El Centro de Humanización de la Salud San Camilo celebró el acto de graduación de sus programas de posgrado, una ceremonia académica que reunió a estudiantes, profesorado, equipo directivo y familiares para acompañar la culminación de un proceso formativo orientado a la humanización del cuidado.

La entrega de diplomas reconoció a los alumnos que han finalizado su formación en el Máster en Counselling, el Máster en Intervención en Duelo, el Diploma de Especialización Universitaria en Gestión de Centros y Servicios para Personas Mayores y Atención a la Dependencia, así como el Experto Universitario en Pastoral de la Salud.

Estas titulaciones cuentan con el aval académico de la Facultad de Trabajo Social Pere Tarrés de la Universidad Ramon Llull, en el caso de los másteres y el diploma de especialización, y del Centro Universitario La Salle, en el caso del Experto Universitario en Pastoral de la Salud, garantizando el rigor académico y la calidad de la formación impartida.

La ceremonia se desarrolló como un encuentro de reconocimiento y celebración del camino recorrido, en el que se puso en valor la preparación de los nuevos profesionales para intervenir en contextos de vulnerabilidad, sufrimiento, dependencia y acompañamiento espiritual, integrando competencia técnica y sensibilidad humana.

El acto contó con la conducción de Felicidad Vicente, coordinadora de los Posgrados, quien destacó el sentido de comunidad y el crecimiento compartido que caracteriza el itinerario formativo del Centro San Camilo.

Asimismo, participó Cristina Alonso, coordinadora de posgrados de la Fundación Pere Tarrés, quien subrayó la importancia de la colaboración interinstitucional en la formación de profesionales comprometidos con la calidad del cuidado y la atención centrada en la persona.

Uno de los momentos centrales del acto fue la intervención de José Carlos Bermejo, Superior Provincial de los religiosos camilos y director académico del Centro San Camilo, quien invitó a los asistentes a profundizar en el sentido humanizador del cuidado desde el carisma de San Camilo de Lelis. Bermejo destacó que cuidar no es solo una tarea técnica, sino una forma de relación que transforma tanto a quien cuida como a quien es cuidado.

En su intervención, desarrolló una reflexión en torno al concepto de la belleza como vía de humanización, vinculándola a valores esenciales en la práctica asistencial: bondad, empatía, escucha, liberación, autenticidad y compromiso. Estos elementos, señaló, constituyen la base de una atención verdaderamente centrada en la persona.

El director académico recordó también que la formación recibida no se limita a la adquisición de conocimientos, sino que implica una transformación personal orientada a hacer del cuidado un espacio de encuentro humano. En este sentido, animó a los graduados a ejercer su labor profesional como una extensión del carisma camiliano de “cuidar y enseñar a cuidar”, especialmente en contextos de fragilidad y sufrimiento.

La ceremonia concluyó con un reconocimiento a los nuevos titulados, llamados a ejercer su profesión en distintos ámbitos sociosanitarios, pastorales y psicosociales, llevando consigo una formación que integra rigor académico, ética del cuidado y compromiso con la dignidad de cada persona.

Con este acto, el Centro San Camilo reafirma su identidad como institución dedicada a la formación de profesionales que hacen del cuidado una vocación transformadora, fiel al legado de San Camilo de Lelis y a su misión de humanizar la salud desde la competencia y la compasión.