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02/02/19

Conmemoración de la conversión de San Camilo

Hoy celebramos un día muy especial para la orden de los Ministros de los Enfermos. La conmemoración de la conversión de san Camilo.
San Camilo fue un joven atraído por la acción y las aventuras; buscaba incansable la fama y la gloria en la batalla con la que intentaba llenar su vida, el riesgo y el juego fueron desgastando poco a poco la vida de este joven. Después de perder todo lo que tenía con el juego decide mendigar en la puerta de una iglesia para sobrevivir. Allí encontró trabajo de albañil gracias a unos frailes, en ese periodo tocó con su fragilidad y quebrantó su orgullo; tras esa experiencia empieza a profundizar en su fe y su persona acercándose al misterio de la obra a la que Jesús le empezaba a llamar.
El  2 de febrero de 1575, cuando Camilo contaba con 25 años, fue enviado al castillo de San Juan, actualmente San Juan Redondo, a doce millas de Manfredonia a llevar algunas cosas y traer de vuelta un tonel de vino. Después de escuchar la Misa, el padre Ángel, guardián del convento, toma a Camilo aparte y empieza a hablarle sobre las cosas eternas, exhortándole a huir de las tentaciones y volver la espalda al pecado. Camilo conmovido suplica al padre Ángel, que pida al Señor que lo ilumine sobre lo que debe hacer para servir a Dios y salvar su alma. Las palabras del sacerdote le quedaron en la mente y al meditar por el camino se decía: “Ya es tiempo de hacer algo por mi pobre alma, tiempo de entregarme generosamente a Dios”.
Fue un día que Camilo recordará siempre, porque aquel día finalmente «cayó del burro». Sí, viajaba sobre un burro cargado y cansino; solo… con sus pensamientos… De repente su interior revienta como un volcán, no puede más. Salta del burro al suelo y se postra rostro en tierra invocando entre sollozos a su nuevo Señor: Perdóname, Señor… infeliz de mí, que por tanto tiempo no te he conocido ni te he amado como mereces… Dame tiempo, Señor, para hacer penitencia y llorar mis descarríos… No más mundo… le vuelvo la espalda y serviré a mi Señor…
Fue el día del encuentro. Allí en las laderas del monte Gargano Alguien lo esperaba. Camilo lo había buscado sincera y afanosamente y allí lo ha encontrado. Se desahoga orando largo rato en voz alta. Ante su Señor, con humildad y con firmeza de roca traza una frontera decisiva entre su pasado y lo que, postrado, implora sea su futuro. Con la gracia de Dios será otro hombre. Ve entreabrirse ante sí un camino nuevo, luminoso y sereno. «Si hubiera encontrado por el camino un hábito capuchino, me lo hubiera puesto allí mismo sin pedir permiso a nadie», aseguraba más tarde Camilo recordando aquel día. Quería volar hacia el convento, más que seguir los pasos - quedos y monótonos- del jumento.
Este es el testimonio de su conversión que nos alienta y nos empuja a continuar con nuestra obra al cuidado de los enfermos. Si somos capaces de dejar nuestro orgullo al borde del camino y contemplar nuestra fragilidad sabiéndonos amado por quien es el verdadero AMOR somos capaces de percibir su llamada.
Que la conversión de San Camilo sea un estímulo que anime a todos aquellos que nos sentimos cercanos al carisma de San Camilo. ¡Cuidar y enseñar a cuidar con más corazón en las manos!