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Orden de los Ministros de los Enfermos.
Religiosos Camilos
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Carisma camiliano

El carisma es un don gratuito de Dios a una persona a la que ilimina y trasnforma interiormente con la misión de iniciar una nueva obra para el bien de la Iglesia y para responder a algunas de las necesidades de la humanidad en un determinado momento histórico.

San Pablo nos presenta en sus cartas diferentes dones o carismas. Entre ellos, por su referencia explícita al carisma camiliano, podemos citar: "hacer obras de misericordia" (Rom 12, 6-8), "curar a los enfermos" (1 Cor 12,9) y "asistir a los necesitados" (1 Cor 12, 28).

El carisma no permanece exclusivamente en la persona que lo recibe. Éste se los comunica a otros a los que invita y arrastra a vivir con él y fundar un nueva comunidad, congregación o instituto religioso.

La formulación del carisma de los Religiosos Camilos se resume en acoger a los enfermos y curar las enfermedades como Jesús y que invitó a sus discípulos a hacer lo mismo, uniendo la misión de anunciar el evangelio y la de curar a los enfermos. Camilo de Lellis especificó y concretó este  carisma en dos dimensiones:

  • Como "servicio completo" a la persona enferma.
  • Como "escuela de caridad" para los que comparten la tarea de atender a los enfermos.

Hoy nos gusta expresarlo así:

"CUIDAR Y ENSEÑAR A CUIDAR"

1.- Cuidar a la persona en la globalidad de su ser

Los enfermos que se dirigían a Jesús o que eran presentados a él esperaban la curación física. Pero era mucho más lo que recibían, porque además de ser curados en el cuerpo, se sentían acogidos y comprendidos, sanados de las heridas interiores del pecado, iluminados por la fe, insertados en la comunidad que los había marginado, deseosos de dar testimonio a los demás de su encuentro con Cristo.

Camilo, renovando la práctica pastoral de su tiempo realizaba un servicio completo al enfermo teniendo en cuenta sus necesidades corporales y espirituales. 

Para llevar a cabo este acercamiento global a la persona que sufre, incorporó en su obra a laicos y sacerdotes, a enfermeros, teólogos y músicos, a mujeres de la nobleza napolitanas y a prelados romanos, a doctos e iletrados. Cada uno ofrecía su aportación específica para bien del enfermo. 

Deseoso siempre de que fuera completo el ejercicio de la misericordia hacia los enfermos, Camilo precisaba que el carisma del Instituto no se agotaba en el hecho de hacerse cargo de los enfermos en los hospitales, sino también en acompañar y asistir a los moribundos, especialmente en las casas privadas. 

2.- "Enseñar a cuidar": inicio de una escuela de caridad

El don recibido por Camilo y transmitido a sus hijos no se agota con el testimonio de la misericordia de Cristo hacia los enfermos y los moribundos. Camilo tuvo la preocupación de enseñar a otros (a los enfermeros del hospital, a sus primeros compañeros y a los novicios que poco a poco se iban uniendo a él) el modo de mejorar su presencia al lado de las personas que sufren. Con el testimonio de su ejemplo primeramente, pero también con palabras que en algunas ocasiones llegaban hasta la reprensión, no cesaba de enseñar y exhortar a todos a realizar el servicio de asistencia «con toda perfección».

Amaestrado él mismo por la experiencia personal de la enfermedad, por la voz interior del Espíritu que le guiaba y por la escucha de las necesidades de los enfermos, Camilo comenzó a crear una verdadera escuela de enfermería, con precisas reglas asistenciales y un detallado código de hospital. La enseñanza que proponía Camilo bien podríamos definirla como enseñanza integral porque incluía saber (conocimientos científicos), el saber hacer (habilidades técnicas) y saber ser uniendo las manos que curan y corazón que ama, la técnica y el amor, la competencia profesional y la visión de la fe.

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