Despidiendo la semana con un cuento

Una estrella de mar

Cierto día, caminando por la playa, reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.

Tan pronto como me aproximé, me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigado, le pregunté sobre lo que estaba haciendo, y él me respondió:

– Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea es baja, y estas estrellas han quedado en la orilla; si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.

– Entiendo-le dije-, pero debe de haber miles de estrellas de mar sobre la playa… No puedes lanzarlas todas. Son demasiadas. Y quizá no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?

El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina; y mientras la lanzaba de vuelta al mar, me respondió:

– ¡Para ésta sí tiene sentido!

Para la reflexión:

– Hacer cosas que aparentemente no producen, a mí me…

– ¿Reconozco la dignidad intrínseca de cada «estrella » que me encuentro en la vida o quizá soy demasiado utilitarista?

– Cuando no se puede conseguir todo, yo…

– Ante diferentes ideales o luchas sociales tenemos una actitud pasiva y nos apoyamos en que las personas de nuestro alrededor no lo apoyan, y decimos que no tiene sentido. ¿Cuántas tareas he dejado de hacer porque parece que no tenían sentido?

 

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