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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Hijas de San Camilo

Fundadas por el beato Luis Tezza y por la beata Josefina Vannini, las Hijas de San Camilo viven y practican el carisma de la caridad misericordiosa con los enfermos en la línea de la más pura tradición camiliana, enriqueciéndolo con el genio femenino. La inspiración y el mensaje de San Camilo han sido filtrados por la personalidad de los fundadores, por sus experiencias y por los contextos en los que vivieron y actuaron, todo lo cual les condujo a la consolidación de un proyecto en el que fidelidad y creatividad se unen armoniosamente.

Cuatro siglos después de haber sido fundada, en 1582, la Orden camiliana siente la exigencia carismática de ver encarnado el espíritu de San Camilo en mujeres que, uniendo a la habilidad profesional la particular sensibilidad femenina, puedan ofrecer un auténtico afecto materno a los que sufren.

El padre Luis Tezza, como auténtico hijo de San Camilo, hizo suya y realizó esta exigencia carismática siendo transmisor fiel del carisma camiliano en el mundo femenino. Formó mujeres en las que pudiera encarnarse la intuición de Camilo: «Porque deseamos con la gracia de Dios servir a todos los enfermos con el afecto que suele tener una madre cariñosa cuando cuida a su único hijo enfermo». Dar un vaso de agua al enfermo puede ser cosa sencilla, pero dárselo como lo da una madre a su único hijo gravemente enfermo es muy distinto.

La espiritualidad de las Hijas de San Camilo

Lo que caracteriza a un instituto religioso, lo que le da un color característico, haciendo que sea él y no otro, aun compartiendo con otro el mismo carisma, es la espiritualidad. Del don del Espíritu Santo y de la experiencia espiritual de los fundadores, en efecto, es de donde saca su vitalidad un estilo propio de encarnar el carisma recibido.

El padre Tezza transmitió a la joven Judit Vannini toda la riqueza del carisma de Camilo para crear una nueva familia religiosa que recibe «del Espíritu Santo el don de testimoniar el amor siempre presente de Cristo con los enfermos, en el ministerio espiritual y corporal ejercitado con riesgo de la vida» .

Las Hijas de San Camilo, por ser ministras del amor misericordioso de Jesucristo con los enfermos, proclaman la fe que en san Camilo y en los Fundadores actuaba mediante la caridad, por la cual veían en los enfermos a Cristo crucificado. En esta presencia de Cristo en los enfermos y en los que los asisten en su nombre encuentran la fuente de su espiritualidad.

El fundamento evangélico se encuentra en estas palabras de Jesús: «Todo lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40); «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, preso y fuisteis a estar conmigo…» (Mt 25,34-36); «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

De este espíritu de fe brota un servicio delicado, afectuoso y misericordioso hasta llegar a la devoción a los enfermos, vistos como signos y sacramento de la presencia de Cristo. La actividad caritativa de las Hijas de San Camilo asume así una dimensión de culto tributado a Dios.

En el coloquio íntimo con Jesús Eucaristía hacen más viva la fe en su presencia, reconociéndole bajo las especies del pan y del vino y en la persona del enfermo. Como exhortaba el Fundador, beben «en la fuente del Corazón divino ese espíritu de santa caridad que las hace estar vivas, llenas ternura, entregadas y como verdaderos ángeles en el lecho de los enfermos y junto a los pobres» , aprendiendo su humildad y su mansedumbre. En Él encuentran ayuda y refugio y de Él reciben fuerza y consuelo .

El Crucifijo ocupa el lugar central en la espiritualidad de las Hijas de San Camilo y por eso desean «vivir toda su vida solamente para Jesús crucificado» , que sufre en la cruz y en los enfermos como hermano universal.

Y es justamente al contemplan a Jesús en la cruz cuando la hija de san Camilo encuentra a quien el santo llamó modelo de servicio: María Inmaculada. En el misterio de la visitación, María, acudiendo solícita a casa de su prima Isabel, es maestra de servicio al prójimo. De ella aprende la hija de san Camilo la entrega y el sacrificio por los demás, a los cuales tiene el deber de llevarles su generosa ayuda y el saludo consolador de salvación, es decir, de llevarles a Jesús.

El estilo de las Hijas de San Camilo

La nota que caracteriza a la hija de san Camilo se encuentra en la palabra clave que dejaron los dos Fundadores: bene omnia fecit. En Marcos 7,37 la multitud, en el colmo de su admiración, decía de Jesús: «Todo lo ha hecho bien, hasta a los sordos hace oír y a los mudos hablar». De la meditación y reflexión sobre Jesús y su forma de comportarse brota esta exigencia de imitación de su modo de actuar en medio de los hombres. Los evangelios están llenos de episodios de milagros y curaciones realizados por Él, impregnados de un estilo divino cargado de armonía y perfección, teniendo siempre en cuenta la gloria del Padre y nuestra salvación. Los Fundadores se fijaron en Jesús y acogieron la herencia de Camilo dándole un carácter delicado y esquisitamente femenino y materno. Escribe la Madre:

«La señal propia de nuestra pequeña Congregación debe ser el ‘bene omnia fecit’ (…). Sí, tratemos de que nuestras más pequeñas acciones, momento tras momento, tengan la perfección que el corazón sagrado de Jesús pide a sus esposas; por tanto, rectitud en todo y para todo de manera que tengamos siempre presente agradar más y más al Señor».

Hacer bien el bien

Ya en los primeros encuentros le decía el padre Tezza a Judit Vannini: «Debemos fundar una congregación como no hay otra».

La Fundadora repetía con frecuencia esta expresión a sus hijas, y la comentaba así: «Nosotras debemos formar religiosas llenas de sencillez y amor de Dios, capaces de una observancia pura de nuestros deberes. El carácter de nuestro Instituto se refleja claramente en esta expresión: “Bene omnia fecit”. No cosas extraordinarias, no milagros. Hagamos bien lo que tenemos que hacer» .

Y el Fundador afirmaba que la santidad no consiste en hacer grandes cosas, sino «en hacer el bien, y este bien, bien hecho, en la condición, en el estado en el que Dios nos ha puesto. Nada más, solamente eso» .

Al fundar una congregación «como no hay otra», los dos Fundadores no pretendían crear algo más perfecto o más grande que las demás congregaciones religiosas, sino simplemente que la nueva institución se mantuviera en una actitud de humildad, de escondimiento, cumpliendo el bien y su misión sin hacer ruido. La singularidad de la congregación del Padre Tezza y de la Madre Vannini debía consistir en una relación de viva intimidad confidencial, sencilla y afectuosa, que debía caracterizar a las religiosas entre sí y con la superiora. Las hermanas debían ser realmente hermanas entre sí e hijas en relación con la superiora, quien debía a su vez ser una verdadera madre.

Por lo demás, la fecundidad del ministerio brota de la amistad personal con Dios y, como recomendaba el Fundador, de la práctica más íntima y perfecta de la caridad fraterna.

Entre las devociones más vivas dejadas por los Fundadores y que forman el carácter propio de la espiritualidad de las Hijas de San Camilo, además de las ya recordadas de la Eucaristía, el Crucifijo, el corazón de Jesús y María Inmaculada, están la de san José, patrono de los moribundos, la de la Divina Providencia, la de san Miguel Arcángel, la de los Ángeles Custodios y la de las Almas del Purgatorio. Como constante estímulo de fidelidad al carisma de la vocación camiliana, cada hermana puede orar e invocar a los Beatos fundadores en la capilla de la Casa General de Grottaferrata, donde descansan sus restos mortales.

El carisma hoy

Hoy las Hijas de San Camilo tienen ante sí un apostolado exigente, llamadas como están a responder a las actuales necesidades con la misma generosidad que las hermanas que las han precedido.

Juan Pablo II, en un discurso a las religiosas Hijas de San Camilo con ocasión de la visita apostólica a uno de sus hospitales de Roma, el 1 de abril de 1990, afirmó: «Vosotras, queridas hermanas, habéis recibido y abrazado con gozo este carisma de misericordia y, como discípulas, os habéis incorporado a la escuela de caridad de aquel gran maestro y testimonio que es san Camilo de Lelis… Permaneced fieles a esta maravillosa vocación, con humildad y una gran entrega al bien integral de la persona, ofreciendo a todos los trabajadores sanitarios y a los propios enfermos un testimonio vivo y coherente de servicio a los valores del Reino de Dios según el espíritu de las bienaventuranzas».

Dónde estamos y qué hacemos

La Congregación, que está compuesta por 947 religiosas y registra un sensible aumento de vocaciones en estos últimos años, está presente en cuatro continentes:

  •  En Europa con 27 casas en Italia, dos en Alemania, una en Polonia, Portugal, España, Hungría y Georgia, estas dos últimas en colaboración con los religiosos camilos.
  •  En América Latina con 8 casas en Argentina, 16 en Brasil, 5 en Colombia, 7 en Perú y recientemente en Chile y México con dos nuevas fundaciones.
  •  En Asia con 14 casas en India, 2 en la isla de Cebú (Filipinas) y una nueva fundación en Sri Lanka.
  •  En África con 4 casas en Burkina Faso, otras 4 en Benin, y en Costa de Marfil con otra casa en Kakoumbo.

Las Hijas de San Camilo trabajan en hospitales, clínicas, residencias de ancianos, institutos psicogeriátricos y centros de rehabilitación, en la asistencia a domicilio y en las escuelas de enfermeros profesionales.
 Colaboran con los Ministros de los Enfermos, a quienes acompañan con su propia sensibilidad y originalidad, carismática también, en múltiples iniciativas apostólicas.

Las Hijas de San Camilo dedican sus desvelos maternos y competencia profesional al servicio completo del enfermo en la globalidad de su ser, comprometiéndose en la humanización de las estructuras sanitarias y anunciando el Evangelio de la caridad.

Gabriella Marzio

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