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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Viceprovincia de Perú

La presencia de los Camilos en Perú cuenta con una historia que de tres largos siglos. En 1709 llegaba a estas tierras el padre Golbodeo Carami, procedente de Sicilia, movido, además del deseo de evangelizar, del deseo de recoger fondos para el proceso de canonización del san Camilo, fundador de la Orden. Al llegar a Perú comprobó que también en este país había enfermos en sus casas y en los cuatro hospitales de su capital, de escasas dimensiones, situados no lejos de la casita que le habían regalado en los Barrios Altos. Recordó que era camilo y se entregó a la asistencia con tanto afán que casi se olvidó del fin para el que había emprendido aquel largo viaje.

El desarrollo de la fundación cobró nuevo dinamismo cuando llegaron de España otros camilos, entre los que se distinguieron luego Juan Muñoz de la Plata, primer viceprovincial; Martín de Andrés Pérez, el gran promotor de la expansión de la fundación, y Antonio Francisco Laguna, que le sustituyó dignamente cuando falleció el 15 de agosto de 1770.

La apertura del noviciado, el aumento de los religiosos extranjeros y locales, la entrega generosa a los pobres y los enfermos, muy admirada por la gente, favorecieron la difusión del carisma camiliano en otras ciudades, como Arequipa, Huamanga, La Paz (Bolivia), Quito (Ecuador) y Popayán (Colombia).

Luces y sombras

Lamentablemente, a las luces suelen suceder las sombras, y eso fue lo que ocurrió aquí. Al final del siglo XVIII y principios del XIX, por diversas circunstancias, especialmente por la separación impuesta de la Provincia Española y de la Viceprovincia de las Indias en relación con la Orden. Pero tampoco entonces faltaron hombres dignos de recordar, como el padre Camilo Henríquez, el padre Gaspar Hernández y el padre Pedro Marieluz Garcés, mártir del secreto de la confesión. Hacia 1825, pocos años después de la independencia del Perú (1821), sólo quedaba el Convento de la Buenamuerte de Lima, que tras superar dos tentativas de supresión, fue tirando y se mantuvo vivo gracias al impulso de la caridad de san Camilo.

El beato padre Luis Tezza, que llegó a Lima en 1900, donde murió en 1923, fue el instrumento de Dios para promover el florecimiento de la comunidad camiliana tras haber adquirido rango de viceprovincia de la Orden en 1897. Religiosos alemanes, españoles e italianos se sucedieron a lo largo del siglo XX para sostener y ampliar las obras en beneficio de los enfermos, bien como capellanes en los diversos hospitales de Lima, bien abriendo el Consultorio (1953) y la Clínica de San Camilo (1964) y promoviendo las vocaciones locales.

Nuevos horizontes

Felizmente superada la crisis de los años 70 del pasado siglo con la anexión del convento de la Buenamuerte a la Delegación de Colombia y con la fundación de la Delegación de Colombo-Peruana, se reanudó un nuevo de crecimiento gracias a la colaboración ofrecida por algunos religiosos italianos, al incremento de las vocaciones locales, que llevó a la apertura del seminario filosófico y teológico y a la del noviciado, a la creación de nuevas comunidades en Arequipa, Trujillo y Chosica y al afianzamiento de nuevas obras.

En 1981 se aceptó en la ciudad de Arequipa el servicio pastoral de la parroquia Virgen del Pilar, la asistencia espiritual del hospital regional Honorio Delgado y la administración de La Posada, casa para los sin techo y sin domicilio fijo, que recientemente ha cedido una parte al hogar San Camilo, centro para enfermos de sida y punto de partida de las visitas a domicilio a los afectados por este virus. Más tarde se ha añadido el servicio pastoral en el hospital Goyeneche.

En 1993 se fundó en la ciudad de Trujillo y se aceptó el servicio pastoral y espiritual en el hospital Belén y la administración de la parroquia Virgen de la Medalla Milagrosa, cuyo contrato caducó en 2007. En los años siguientes nos han sido confiadas las capellanías del Hospital Regional y del hospital Víctor Lazarte.

En 1995 se inauguró en San Alberto de Chacrasana (Chosica) la casa del noviciado para nuestros jóvenes candidatos de Perú y Colombia. Más tarde se restauró y completó por iniciativa del padre Emilio Stenico un edificio más antiguo y se creó la casa de espiritualidad Siloé, destinada a encuentros, ejercicios espirituales y retiros.

El 16 de abril de 2006, día de Pascua, el entonces Superior General, padre Frank Monks, con un decreto aprobado por la Consulta General, instituía la Viceprovincia de Perú y nombraba al padre Carlos Eduardo Morante Chiroque primer viceprovincial.

El 14 de julio, fiesta de San Camilo, un Consultor General, el hermano Luca Perletti, la proclamaba oficialmente durante una solemne celebración eucarística en la iglesia de Santa María de la Buenamuerte de Lima, dando así comienzo un camino cargado de esperanza.

El centro propulsor

El corazón de la Viceprovincia ha sido siempre Lima, donde se encuentra el Convento de la Buenamuerte y donde desde 2002 existe, al lado de la casa de la comunidad, el Centro de Formación en Salud (CEFOSA) para cursos de pastoral de la salud y otros cursos relacionados con este sector, congresos, reuniones de pastoral camiliana para agentes pastorales, especialmente laicos, según las líneas trazadas por nuestros últimos capítulos generales.

En la capital continúa la asistencia espiritual en los hospitales del Estado: Dos de Mayo, Hipólito Unanue, Instituto Neurológico Santo Toribio, Hogar Geriátrico San Vicente de Paúl, Arzobispo Loyaza, San Bartolomé, Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (tumores) y, recientemente, Hospital Santa Rosa y Maison de Santé.

No faltan, según la antigua tradición, obras de nuestra propiedad para enfermos de clase media y media baja, como la Clínica San Camilo, el Cosultorio Médico San Camilo, creados respectivamente en 1953 y 1964 por iniciativa del padre Elías García y administrados posteriormente por el padre Gerardo Díaz Lobato, donde es activa la beneficencia en los casos de personas pobres y necesitadas de salud.

En 1995 se puso en marcha por iniciativa del padre Giuseppe Villa, luego seguido y desarrollado con nuevos programas por el padre Zefferino Montin, el Hogar San Camilo para luchar contra el sida, un centro muy conocido hoy y admirado en todo el país.

Existen nuevas iniciativas, como una fundación en Huancayo, en los Andes centrales, una red de casas (albergues) para enfermos que, dados de alta en los hospitales, no pueden volver inmediatamente a sus casas o necesitan servicios médicos de ambulatorio. Por iniciativa del padre Aldo Cárdenas y de algunos voluntarios, funciona el albergue Beato Enrique Rebuschini, próximo al Instituto de los tumores.

La promoción vocacional

Es también floreciente la Familia Camiliana Laica, compuesta por setenta miembros, que se está desarrollando tanto en Lima como en otras ciudades del país.

Sin embargo, las mayores esperanzas están depositadas en los jóvenes candidatos a la vida religiosa camiliana, quienes desde 1980 se forman en el Centro de Formación San Camilo, iniciado por el padre Giuseppe Villa en Lima, y en la casa del noviciado de Chosica, tanto en el plano académico (filosofía y teología) como en el espiritual y pastoral, en los que dichos jóvenes eligen ser sacerdotes o hermanos según el reglamento de formación propio de la viceprovincia. La promoción vocacional, actualmente coordinada por el padre Cléber Herrera, cuenta con la colaboración de varias personas en el territorio nacional.

Giuseppe Villa Cerri

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