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Orden de los Ministros de los Enfermos.
Religiosos Camilos
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Final del camino.

Fallecimiento de Camilo de Lellis. Ilustración realizada por Javier Prat.

En el otoño de 1613 Camilo andaba por el Norte de Italia, ocupado como siempre en los hospitales atendidos por sus religiosos. Estaba muy débil, los años llenos de fatigas y las enfermedades que siempre lo acompañaron estaban agotando definitivamente sus fuerzas físicas. Él mismo está convencido de ello y en Génova anunció con toda claridad a su enfermero que moriría en Roma el día de San Buenaventura (el 14 de julio según el viejo calendario). Viajó por mar hacia Roma. Al poner pie en tierra en Civitavecchia, sin hacer caso de su debilidad ni de los veinte kilómetros que le restaban de pesado viaje por tierra hasta Roma, quiso visitar a los míseros trabajadores de las salinas, que conocía de haberlos visitado y socorrido ya otras veces aquí y en el hospital.
 
Llegado a Roma hubo de guardar reposo obligado todo el invierno. Pero él no sabía vivir para sí mismo, vivía dichosamente para los enfermos y no sabía vivir de otra manera: todos los días, apenas su enfermero lo había atendido en lo indispensable, lo enviaba al hospital a servir a otros que creía más necesitados que él, y todos  los días, mañana y tarde, pedía noticias a los suyos sobre los enfermos del hospital; quería estar al corriente de todo y se interesaba por todos, recomendaba a este o al otro enfermo, los más necesitados…
 
Muchas personas importantes en Roma se consideraban obligadas a visitarlo, pero esto lo preocupaba poco. Al llegar la primavera no pensaba más que en su hospital y fue a visitarlo sacando fuerzas de su extrema debilidad. Fue recibido en triunfo… quiso visitar a los enfermos y hablarles uno por uno… Se despidió diciéndoles: “Hermanos, me sentiría dichoso de morir aquí entre vosotros… me voy con el cuerpo, pero os dejo mi corazón… “
 
Pasaron las semanas, y a pesar del reposo y las atenciones, las fuerzas declinaban, Un día algunos médicos hicieron consulta en torno a su lecho con todas las cartas boca arriba; Camilo quería saberlo todo y no veían razones para ocultarle nada. La conclusión fue la esperada, y Camilo exclamó: “Iré a la casa del Señor” (Salm. 131,1). A un compañero que luego le preguntó cómo estaba: Bien, respondió, ya que he recibido la buena noticia de que pronto iré al paraíso. ¿Cómo no he de estar bien?
 
Los últimos días de su paso por este mundo los dedicó, según le permitían sus fuerzas estando en el lecho, a la oración constante y a escribir algunas cartas para bien de su fundación, animado y exhortando a todos los suyos a continuar animosos en la santa viña del Señor… También pedía a todos oraciones y Misas para después de su muerte. Escribió una Carta a todos sus religiosos presentes y futuros como Fundador, entregándoles y recomendándoles con todas sus fuerzas la obra de su vida, para él obra de Dios a pesar suyo.
 
El día 14 de julio de 1614, entregado a la oración… serenamente… murió.

 

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