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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

La técnica en el hospital.

Más corazón en las manos. Ilustración realizada por Javier Prat.

Con el crecimiento de la fundación, ya Orden religiosa, algunos sueños de Camilo se iban realizando: algunos hospitales esparcidos por toda Italia, desde Milán hasta Sicilia, iban cambiando por completo, es decir aquellos en los que consiguió que los suyos se hicieran cargo de todos los servicios de enfermería; sin embargo huía como del fuego de la dirección y administración de los mismos. Esto suponía una reforma histórica en los hospitales de Italia y requería considerar y resolver no pocas cuestiones que aparecían… en el camino. Métodos y reglamentos de asistencia, material sanitario, preparación requerida para sus religioso… en todo esto hubieron de pensar sobre la marcha, ya que la Orden se había puesto en pie no como cosa estudiada y programada con antelación, sino más bien como un brote espontáneo de vida y de amor, de entrega y servicio, dones del Espíritu que sopla donde quiere y como quiere. Acerca de la preparación de sus religiosos Camilo reflexionó, dialogó y oró mucho delante de Dios. Un buen día, al término de una prolongada meditación al aire libre - ya que iban de viaje - se arrancó por peteneras: con alegre decisión, como quien llega felizmente a la conclusión que durante mucho tiempo había buscado, dijo a los compañeros que ahora conocía con claridad la voluntad de Dios acerca de los estudios en la naciente Orden, punto sobre el que hasta ahora se había mostrado reticente y reacio. Eran buenos y necesarios, quería en la Orden buenos filósofos y teólogos, y esperaba que con estos estudios los enfermos y Nuestro Señor en ellos sería mejor servidos.
 
A Camilo le preocupó también mucho la técnica y el material sanitario, muy deficiente en su tiempo. Él mismo hizo sus inventos: inventó una paleta de metal apropiada para rascar la suciedad abundante de los pavimentos; se ingenió un estilete ancho y prolongado de hueso, que revestido de lino servía para limpiar la boca de flemas (no existía entonces el aspirador de nuestros días); consiguió que se preparasen y utilizasen servicios higiénicos portátiles; tuvo y propuso intuiciones contrastantes con la mentalidad de su tiempo en cuanto al aire y la luz, beneficiosos en general para los enfermos; escribió reglamentos de enfermería realmente nuevos para su tiempo. Era hombre sin letras, pero genio de la caridad y de la justicia social, era puro carisma. Con sus intuiciones fue mucho más allá de lo que los entendidos, los estudiosos de su tiempo podían apreciar.
 
Una vez que vio claro que los estudios eran buenos y necesarios en la Orden, se dispuso un programa de estudios para los jóvenes, que se compaginaba con el servicio en el hospital. En la práctica, de las dos cosas la que cedía en caso de necesidad o de conflicto eran los estudios. Y dado que las necesidades del hospital, pestes, etc… no menguaban sino que se tomaban más hospitales, el programa de estudios nunca fue muy consistente. Durante muchos años la única escuela que tuvo la pequeña comunidad fundacional fue la persona misma del enfermo y los dones y gracias – capitales - del Espíritu Santo. Bernardino Norcino y otros muchos compañeros de los primeros años lo aprendieron todo en esta escuela. Y eran  y entrega al pobre y desvalido.
 
Creo que en estos hechos se deja traslucir la escala de valores de Camilo. El buscó  a base de geniales intuiciones las mejores técnicas para su tiempo, quiso buenos estudios en la Orden, pero todo esto lo veía en un plano subordinado e instrumental, de medios: eran instrumentos, ayudas que asumía e integraba en un plano más alto y carismático. El carisma de Camilo y sus compañeros, don del Espíritu, era ante todo la fuerza interior, “fuente viva, fuego, caridad», que animaba y daba un contenido profundo a toda su actividad.
 
Nuestro tiempo es muy rico en técnicas especializadas; nuestros hospitales son una masa de gente especializada y superespecializada. Nuestro tiempo endiosa a la técnica con lo cual muchas veces se sale de su misión de servir al hombre concreto y se vuelve inhumana.
 
La técnica de nuestro tiempo, ¿cómo la describiría? Se me ocurre compararla con un robot, de esos que a veces hemos visto en televisión: tiene figura más o menos de un hombre, en fuerza bruta supera a Tarzán; en memoria deja atrás a cualquier hombre, en inteligencia parece acercarse a los humanos; pero en corazón, en amor… cero más cero. Así es muchas veces la técnica rutilante de nuestros días; toneladas de fuerza bruta, amor y humanidad… a cero. Que se vuelva contra el hombre que la creó, y lo ataque o destruya, no es un puro riesgo, es muchas veces una realidad. Y algo de esto vemos en nuestros hospitales, masificados y deshumanizados en muchos aspectos. Más o menos conscientemente se impone la mentalidad - muy del día - del pulsador automático, del monitor exacto pero frío, de la ficha rellena de datos técnicos… nos quedamos con un tipo de asistencia de hombre-robot… no hay sitio apenas ni tiempo para el alma, vida y corazón, para el encuentro con el hombre, que es persona, ser libre, responsable de sí mismo, que podría y debería ser el primer colaborador en su propia curación.
 
El carisma de la fundación de Camilo es por tanto muy necesario hoy día, es de gran actualidad si lo sabemos buscar y lo sabemos encontrar. Habrá que buscarlo donde él lo buscó, en la escucha del Espíritu de fortaleza y de amor y en la escucha atenta del mismo enfermo, imagen de Cristo crucificado… El Espíritu sopla donde quiere y como quiere, no se deja encasillar por organigramas o estructuras humanas. Un camillero, una enfermera, una auxiliar, una mujer de limpieza puede tener, puede poseer y explotar y desarrollar el talento precioso de Camilo - don del Espíritu - mejor que un médico superespecializado. No estará de más tener presente esta observación.
 
La fundación de Camilo, tan lejana en el tiempo, tiene pues razón de ser hoy día, para dar vida y calor a tanta técnica especializada, para volver a descubrir y a poner en claro la dignidad del enfermo, Señor y dueño del hospital, la dignidad del hombre, creado a imagen de Dios, para volver a mostrar y proclamar la necesidad y la fuerza del amor…

 

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