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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Asistencia espiritual y religiosa.

Camilo de Lellis celebra en el altar de la cama de un enfermo. Ilustración realizada por Javier Prat.

Los motivos que Camilo tenía para servir regiamente a los pobres y enfermos eran motivos de fe cristiana, sacados de la Palabra de Dios. Tenía pues una visión del enfermo muy alta y espiritualizada, pero al mismo tiempo tremendamente realista, tenía presentes como nadie todas sus necesidades reales, sobre todo las más bajas y humillantes. En el fondo era una intuición de la dignidad del hombre, imagen de Dios, muy distanciada de la común de su tiempo.
 
Su intuición chocaba con las prácticas de asistencia espiritual de su tiempo: era entonces norma establecida no admitir en el hospital a quien no se confesase y comulgase previamente. Camilo y los suyos desconfiaban de esta norma, que no les era dado cambiar, y tenían otra paralela en sus primeras Reglas: «Lo primero, procure cada uno, cuando visita a algún enfermo, saber si se ha confesado bien, con las condiciones requeridas, y exhorte a los que no están bien confesados a hacerlo bien, enseñándolos y exhortándolos…»  En este campo sostuvieron una batalla constante a pesar de que no fue mucho lo que pudieron conseguir, dado el sistema entonces firmemente  establecido de los beneficios eclesiásticos, de los que no era fácil sacar a nadie con tal que cumpliese lo legalmente establecido; el resultado era un servicio frío, rutinario e inmobilista, para Camilo totalmente insuficiente y muchas veces lesivo de la dignidad y derechos del enfermo.

 

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