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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Se hace camino al andar.

Camilo de Lellis rezando a los pies del crucifijo. Ilustración realizada por Javier Prat.

La nueva y pequeña fundación seguía adelante. La reciente aprobación y la cruz roja que lucían les servía de estímulo. El grupo se va engrosando poco a poco; y en vista de ello Camilo no duda en endeudarse más de lo “prudente» alquilando una nueva casa con Iglesia aneja, pues son ya cuatro los sacerdotes en el grupo. Es la casa e iglesia de Santa María Magdalena en Roma, casa madre y central de la fundación hasta hoy.
 
Las ambiciones del grupo - sanas y generosa s- aumentaban. Querían tener más sacerdotes para poder cambiar el modo habitual - muy rutinario y descuidado - de atender espiritualmente a los enfermos y moribundos, pero les era difícil o imposible ordenar a los estudiantes que entraban; ya Camilo se había visto impedido en este camino por falta de patrimonio económico y hubo de socorrerlo su fiel amigo Fermo Calvi que depositó 600 escudos, una fortuna entonces, suficiente para vivir de la renta que producía.
 
Un Sr. Cardenal, admirado de los arrestos del pequeño grupo, quiso ayudarlo a crecer y sugirió que la mejor fórmula sería tener votos solemnes, con lo que podrían ordenar cuantos quisieran a título de pobreza. Esto equivalía a aprobar una nueva Orden religiosa, asunto muy difícil por la vía ordinaria. Camilo tampoco aspiraba a eso; los títulos y categorías no tenían para él ningún valor, es más le eran sospechosos. Pero la posibilidad de tener más sacerdotes sin sacrificar ni un ápice de la mejor pobreza franciscana sino en esa misma línea, eso lo tentaba. Después de orar y reflexionar con calma ante Dios, comenzó a tramitarse en la Curia la petición de votos solemnes, sabiendo de antemano que, como mínimo iba para largo.
 
Camilo y los suyos no entienden lo que es ir a la caza de influencias y recomendaciones. Oran, sí, y mucho por esta intención, pues de aquí puede depender en gran medida el futuro de la tierna planta. Pero todo su tiempo y sus energías están entregadas - día a día - a los pobres del hospital. Esto es lo suyo, donde no dudan que Dios los espera.

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