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Orden de los Ministros de los Enfermos.
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Tormenta en el hospital.

Camilo de Lellis celebrando la Eucaristía. Ilustración realizada por Javier Prat.

Sin embargo…  algunos se sintieron ofendidos por no verse incluidos en el grupo; a veces eran mirados con recelo. Las autoridades los veían con desconfianza como posibles perturbadores del buen orden… luego llegaron a propalarse acusaciones serias: era un intento de adueñarse del hospital y gobernarlo a su antojo. Un buen día Camilo recibió en pocas palabras una destemplada reprimenda con la orden tajante de deshacer su oratorio; era un iluso y un cabezadura, que pretendía fundar una compañía de burla… lo que estaban haciendo iba en perjuicio del hospital y de los enfermos. Apenas llegó al oratorio, lo halló ya desmantelado y a su amado Crucifijo por tierra detrás de la puerta. Esto era demasiado. Las ofensas a su pobre persona las debía y quería soportar, pero las ofensas al Señor…  eran otra cosa. Pensó en dejar inmediatamente el hospital y acudió a los Hermanos de San Juan de Dios, pidiendo ser admitido entre ellos. Se desahogó con el P. Soriano y le contó su historia y su amargura. El buen Padre lo escuchó con calma y lo confortó, disuadiéndolo de dejar el hospital de Santiago. Regresó con su interior todavía en ebullición… se durmió renovando su entera confianza en su Señor crucificado. Soñó durante la noche que el mismo Señor desde la cruz lo confortaba y animaba, diciéndole: “Adelante, pusilánime, no tengas miedo, yo te ayudaré en esta obra…”  Al despertarse se sintió de nuevo confortado; el ideal y la voluntad volvieron a estar en su sitio a pesar de la borrasca. Habló con los compañeros, que al comprobar su firme decisión de seguir adelante, le aseguraron que estaban con él igual que antes.
 
Camilo, como sus compañeros de aventura, no podía comprender aquella oposición, causa de la tormenta que acababan de soportar. Habían obrado en conciencia, sin molestar a nadie, y sólo por el bien de los enfermos… ¿Cómo era posible que esto produjese una oposición, una borrasca así?  Buscaron otro lugar de reunión, donde no pudiesen llegar órdenes de cierre, y continuaron exactamente con el mismo plan que antes. Después de orar y examinarse sinceramente ante Dios, creyeron que debían seguir en el camino emprendido: no se lo habían inventado a capricho, sino que lo iban descubriendo al paso que veían y servían a los enfermos y escuchaban la palabra de Dios. Lo tenían bastante claro, y no se podían convencer de que hiciesen mal. Pedían a Dios humildemente que guiase sus pasos. No era humildad fingida, porque Camilo expuso con sencillez sus planes de fundación a varias personas de virtud y saber y aceptó luego sus consejos. Le dijeron que sería bueno que se hiciera sacerdote para bien de la posible fundación y para poder promover una mejor asistencia espiritual a los enfermos; que dejase el hospital de Santiago, con lo que ganaría en independencia y evitaría dificultades; también le sugirieron que su buscada fundación atendiese particularmente a los apestados, que son los más abandonados de todos.
 
Un mocetón, alto casi dos metros, barba cerrada, corta y descuidada, con sus lozanos 32 abriles y en hábito clerical, frecuentaba puntualmente el 2º grado de Gramática. Lo rodeaba una alegre bandada de gorriones de corta edad; al principio lo miraron extrañados y cautelosos; luego, al comprobar que no era ningún gavilán, sino más bien lo contrario, se le acercaban confiados y divertidos. Estirando el cuello para hablarle, le dicen: abuelo … que esa cabeza ya está dura … ya no te entra el latín … Camilo no reacciona … sonríe, también él se siente divertido y a gusto entre los pequeños. Sigue firme en sus planes de hacerse sacerdote y recupera ahora el tiempo que de niño no supo aprovechar.
 
El día 26 de mayo de 1584, Camilo es ordenado sacerdote; prueba una emoción nueva y profunda, que ni él mismo sabe explicar, porque se relaciona muy de cerca con el misterio insondable del Señor, su Dios. Se ordena en Roma, pero no piensa ni por asomo en hacer carrera en la Iglesia; piensa en otra carrera, sí: quiere progresar en el servicio a los pobres y enfermos, a los más abandonados, y en esta carrera sí que bregará toda su vida hasta dejar el aliento.
 
El día 10 de junio de 1584 el hospital de Santiago está de fiesta por la primera Misa de Camilo, su Director-Gerente. Todo el hospital participa, felicita a Camilo y le demuestra, cálida y sinceramente, su afecto y gratitud.

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