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Orden de los Ministros de los Enfermos.
Religiosos Camilos
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Testigos del Amor

El carisma de los Religiosos Camilos se resume en el amor misericordioso a los enfermos a ejemplo de Cristo y en ver a Éste identificado con ellos. Esto se inspira en dos pasajes evangélicos:

  1. la Parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 30-3 7)
  2. Juicio Final: "Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos menores a mí me lo hicisteis" y también "Estaba enfermo y me visitasteis" (Mt 25, 31-46).

Desde los tiempos de San Camilo hasta el comienzo del siglo XX, más de trescientos religiosos (padres, hermanos, clérigos, oblatos y novicios, quince ellos contemporáneos de san Camilo) dieron la vida sirviendo a los apestados y a otros enfermos víctimas de enfermedades gravemente infecciosas.

Quien lee las crónicas de la muerte de estos religiosos se sorprende ante el espíritu con el que arriesgaban sus vidas en el servicio a los enfermos contagiosos. El carisma que Dios concedió a San Camilo y que transmitió al Instituto penetraba tan profundamente en sus corazones y su espíritu que provocaba en ellos una profunda transformación interior. Porfiaban por ser elegidos para esta forma especial y heroica de vivir el voto con el que el religioso camilo se consagra al servicio de los enfermos incluso con riesgo de su vida.

¿Cómo no sentirse profundamente impresionados por el ejemplo del padre Urbano Izquierdo, de la Provincia de España, que murió en 1918 a la edad de 28 años asistiendo a los enfermos de la famosa gripe de aquel año? Así escribía a los novicios, cuyo maestro era: «Adiós, mis queridos novicios; voy a cumplir mi cuatro voto (de asistencia a los enfermos, aun a riesgo de la vida) que pronuncié hace nueve años y del que nunca me he arrepentido. La obediencia me envía a trabajar por nuestros queridos apestados. Pobrecitos, con qué ansias esperan el auxilio de los hijos de san Camilo. Por ellos voy a trabajar sin descanso para aliviar sus cuerpos y especialmente para salvar sus almas hasta el último aliento de mi vida. Si el Señor quiere llamarme a la eternidad, bendito sea mil veces. En la profesión religiosa le entregué mi libertad y ahora la vida que me dio. Si me llama al cielo, al lado de san Camilo, allá me dirijo feliz y me ofrezco desde este instante como víctima por el bien de los pobres y amados enfermos…».

Todos estos religiosos de la Orden han demostrado que la vida en el Espíritu, vivida según el carisma y la espiritualidad de Camilo, puede ser un camino franco para llegar a la santidad. Algunos ya han tenido el reconocimiento de la Iglesia como beatos y otros han iniciado este camino. He aquí, una reséña de su vida:

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