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Orden de los Ministros de los Enfermos.
Religiosos Camilos
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Pestes, epidemias, hambre, guerras y calamidades

Pestes y epidemias

En Italia y Francia las pestes y las epidemias eran muy frecuentes y merecían una especial atención por parte de Camilo y de su Orden. Cuando todos huían, los Ministros de los Enfermos corrían en auxilio de los enfermos, conscientes del peligro que corrían sus vidas, pero dispuestos a sacrificarla por amor a los hermanos enfermos. Murieron a decenas y Camilo se sentía orgulloso por la demostración de caridad de sus hijos. Donde había una peste, allí estaban los Camilos.

En el siglo XVII los casos de peste en varias regiones de Italia superaron la docena. En 1630 una peste devastó el norte y el centro de este país. Más de cien Camilos se entregaron a la asistencia de los apestados y 56 murieron cuando se encontraban dedicados a un total y generoso servicio de asistencia.

En los años 1656-57, otra peste, también en Italia, se llevó por delante a 86 religiosos camilos que acudieron en auxilio de los apestados, y entre las víctimas se encontraban tres superiores provinciales y el superior general. Y no fue solamente en Italia donde los Camilos hicieron frente a la peste, sino también en España, en Perú, en Bolivia y en otras partes del mundo.

Actualmente, ese servicio de entrega a los enfermos se ofrece a los leprosos en China, Tailandia, Filipinas, África y Brasil, así como a los enfermos de TBC, enfermedad que mata a millones de personas en todo el mundo desde finales del siglo XX, y a los afectados por el sida.

Hambre, guerras y calamidades

En los tiempos de Camilo el hambre, las guerras y las calamidades naturales atraían la atención de la Orden. En 1590 la ciudad de Roma fue víctima de una carestía tan devastadora que perdieron la vida más de 60.000 personas. Camilo se multiplicó para socorrer a los hambrientos. Alimentaba a más de 400 personas al día, llegando a contraer deudas importantes para socorrer a los hambrientos y vestir a los desnudos.

A petición del Papa, Camilo envió religiosos a Hungría para curar a los soldados heridos y enfermos. En ese momento se podía afirmar que los Camilos fueron los precursores de la Cruz Roja Internacional, cuyo fundador se inspiró justamente viendo a sus religiosos manos a la obra, socorriendo a los heridos en numerosas guerras de Europa en el siglo XIX.

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