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Orden de los Ministros de los Enfermos.
Religiosos Camilos
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«¿Que tengamos cuidado porque en Milán hay peste? Precisamente por eso vamos allí.»(San Camilo)

Expansión de la Orden

En 1643 la Orden fundaba su primera casa en Madrid. Era la primera vez que lo hacía fuera de Italia. La segunda tuvo lugar en Portugal en 1854. En 1736 los Camilos de España llegaron a Perú y se establecieron, tras largas conversaciones con las autoridades, en Lima, donde abrieron la primera casa de América.

En 1750 los religiosos de Perú eran 33, diez años más tarde 61, y al final de la década siguiente 77. Este rápido crecimiento permitió a la Orden fundar nuevas casas en Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y México.

En 1780 la Orden alcanzó el número más alto de religiosos, de casas propias y de Provincias desde su fundación. Los religiosos eran unos 680, las comunidades 70, distribuidas en seis Provincias y dos viceprovincias. De las seis Provincias, cinco estaban en Italia.

Desde entonces hasta el final del siglo XIX, la Orden tuvo que superar muchas dificultades, no solamente por razones internas con fondo religioso, sino especialmente por las interferencias de las autoridades civiles de Europa y América Latina. Dichas dificultades llevaron a la Orden al borde de la extinción. En un periodo de diez años perdió las casas de Portugal, España, América Latina y las del Sur y el Norte de Italia. Las guerras y las conquistas napoleónicas de comienzos del siglo XIX dejaron a la Orden muy diezmada. Sobrevivieron únicamente tres casas en Roma con poco más de una decena de religiosos. El declive de la Orden duró hasta comienzos del siglo XIX, cuando se reanudó la asistencia completa a los enfermos dentro de los hospitales.

En 1883 los Camilos volvían a España a petición del arzobispo de Sevilla. A comienzos del siglo XX la Orden contaba apenas con treinta comunidades y el número de religiosos no llegaba a doscientos.

Las fuerzas eran pocas pero el entusiasmo mucho. En poco tiempo los religiosos fundaron comunidades en Alemania, Austria y Polonia. Llegaron también a Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile, así como a Irlanda e Inglaterra. Luego llegó la hora de fundar en Canadá y en Australia. La Orden dejaba de ser exclusivamente italiana y europea para hacerse universal. Sin embargo, aún quedaban dos continentes esperando la presencia de los hijos de san Camilo. En 1946, terminada la Segunda Guerra Mundial, cinco religiosos zarparon rumbo a China. Fundaron en Yunnan, al sur de la nación, una región pobre poblada de leprosos. Desarrollaron una intensa labor de asistencia y se ganaron el afecto de la gente. Lamentablemente, en 1952 nuestros misioneros fueron expulsados por el Gobierno comunista. Tuvieron que marcharse con lo puesto, pero alimentaban el firme propósito de proseguir su misión en Asia. Se dirigieron a Formosa, hoy Taiwan, territorio reivindicado por China, pero fuertemente tutelado por Estados Unidos. Y la misión prosperó.

Construyeron un gran hospital y fundaron la primera facultad de ciencias de enfermería en la isla, desarrollaron un intenso trabajo de promoción humana y de servicios sanitarios en las islas Pescadores, sin descuidar el trabajo de evangelización y de asistencia corporal a los habitantes de las montañas.

En 1952 los Camilos llegaron a Tailandia, donde fundaron centros de asistencia, hospitales y residencias. Lo mismo hicieron poco después en Vietnam y en Laos.

En 1975 llegó la hora de fundar en Filipinas. El desarrollo de esta fundación fue tan rápido que en 1997 se convertía en Provincia, a la que se agregaban las comunidades de Taiwan. Hoy los Camilos que trabajan en Asia representan el 15 por 100 de los religiosos de la Orden. El futuro es prometedor.

África no se quedó en el olvido. Tanzania fue la primera nación del continente negro en recibir a los Camilos en 1959, seguida por Burkina Faso, Benin, Kenya, Madagascar y Uganda. La opción por los pobres ha sido la razón más principal. Los países de África donde están presentes los Camilos figuran entre los más pobres del mundo. Pero no solamente en África han optado los Camilos por los pobres. En América se han establecido en Haití y Bolivia, dos naciones donde reina la más dura pobreza. Luego ha habido otros Camilos que han fundado en Rumanía, Armenia, Georgia, Hungría, territorios de la ex Unión Soviética.

Después de más de cuatro siglos la Orden es ahora universal y camina hacia la realización de la profecía de san Camilo: «Vendrá tiempo en que esta plantita se extenderá por todo el mundo».

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