14 de julio fiesta de San Camilo

Hoy 14 de julio la Iglesia y la Orden de Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos) celebran  la fiesta de San Camilo, fundador de la Orden de Ministros de los EnfermosReligiosos, patrono de los enfermos y trabajadores del mundo de la salud.

Con motivo de esta celebración José Carlos Bermejo Delegado general de los religiosos Camilos en España, presenta algunos aspectos del final de la vida de Camilo, aspectos provocadores para humanizar el proceso de vivir el morir de manera apropiada.

La muerte de Camilo tuvo lugar en Roma, a los 64 años, en la casa de La Maddalena, que aún hoy se conserva como casa generalicia de la Orden.

El proceso final de Camilo no fue de unos días… Camilo se sintió particularmente débil unos meses antes, no pudiendo ir al hospital como los demás (como cuidador) y sintiendo envidia: “Dichosos vosotros, que habéis estado en aquella santa viña, sirviendo a los pobres enfermos”, les decía a sus compañeros que iban al hospital, al que él llamaba viña.

Un día de su última primavera en que el médico le dejó salir de la casa de la Maddalena, donde él tenía certeza de morir, pidió al carrocero que se dirigiera hacia el hospital del Espíritu Santo, que para él era el jardín donde se respira el aire que solo hay en el paraíso. Allí entró con ayuda de dos religiosos y conversó con los enfermos a los que les dio su bendición y expresó su deseo de estar siempre con ellos. Sentía una particular “atracción” hacia el hospital. Decía que tenía imán para él.

Fue el 1 de mayo cuando mandó llamar al Prefecto de la Casa y le preguntó si había traído ya el Óleo Santo nuevo, pidiendo que lo hicieran porque sería necesario para su Unción. Se hizo una reunión de médicos en su presencia y, después de escucharles a todos, se pronosticó su muerte, diciendo: “Sí, señores, yo he seguido muchos tratamientos, tanto en Nápoles como en Génova, y aquí en Roma, y no mejoro, por lo que concluyo que hay aquí escondido algún secreto de Dios, y quién sabe si quiere que padezca alguna cosa por su amor; y ¿cuándo hemos de hacer algo bueno por la Eternidad, si no es al final de la vida?”.

Al día siguiente también le dijeron que los médicos consideraban que si bien la enfermedad podía alargarse tiempo, no escaparía de ella. A la pregunta del Superior sobre cómo lo vivía, él dijo que bien y alegremente, porque había tenido la Buena Noticia de que pronto haría el viaje al Paraíso. “¿Por qué no he de estar alegre siendo esta la mejor noticia que yo podía tener? Ya no me preocupa más que Dios me conceda un pequeño rinconcito en el Paraíso. Tampoco me preocupa la Orden porque Dios enviará otros hombres. Ya hace seis años que dejé el generalato para cuidar de mi alma y disponerme para la muerte”.

Durante los últimos meses, Camilo mendigaba apoyo espiritual al estilo de la época, solicitando que celebrase por él la Eucaristía e hicieran oraciones. Le visitaban y buscaban su bendición y su intercesión, así como el deseo de conservar algo suyo simbólicamente.

Camilo tuvo la posibilidad, en las últimas semanas de su vida, de despedirse por escrito con una Carta Testamento con algunas recomendaciones. En esta Carta Testamento, son claras las preocupaciones de Camilo al final de su vida y los deseos de morir cerrando el círculo biográfico. Con conciencia de continuidad para sí mismo en manos de Dios y de continuidad para la Orden, pide comunión espiritual, transmite su deseo de fidelidad en la pobreza y en la misión de la Orden de servir a los enfermos, así como expresa su deseo de que no se malogre la identidad hecha de religiosos sacerdotes y laicos, con su particular originalidad. Una herencia hermosa de un hombre apasionadamente entregado a la humanización del mundo del sufrimiento y conocedor de las vulnerabilidades de los religiosos y de la misma condición humana.

Su preocupación por la Orden le lleva a decir que esta “pobre planta” podría ser “destruida y aniquilada”, más que por la guerra externa, por la acción tortuosa de algunos religiosos que dejarán que engañen “su mente disfrazándose de bien pero buscando, en realidad, desviar y alterar nuestro santo Instituto”». Para él, los Ministros de los Enfermos deben ser siempre Ministros de los Enfermos. Vio amenazas de manera particular cuando se empezaron a tener iglesias propias y sacerdotes que podían preferir actividades eclesiásticas, en lugar de servicio a los enfermos. Tan delicada pudo ser la situación que el mismo Cicatelli, en su vida manuscrita del padre Camilo, escribe amargamente: «De la multitud nacía una confusión grandísima; y la mucha mala hierba sofocaba la poca buena que había».

Después del 20 de junio de 1614, escribió dos cartas: una firmada por él y dictada, y la otra escrita por él mismo, el 5 de julio.

La que firma, es dirigida al p. Agostino Grossi, superior de 5 casas que había en Nápoles, con un centenar de religiosos. Camilo es muy incisivo, y con amargura y pena pregunta si ha recibido la carta que le mandó para todos los padres y hermanos y si la ha leído en presencia de todos. Lo justifica diciendo que está peor y quiere a toda costa que esa carta sea leída por todos.

Camilo se sentirá peor y solicitará insistentemente la celebración de la Unción y el Viático, para lo cual se hará presente en su lecho de muerte el Cardenal Ginnasio Protector.

En los últimos días, ordenó que pintaran un cuadro, concretamente que se pintase un Cristo muerto en la cruz, y en la parte superior el Padre eterno, y el Espíritu Santo en forma de paloma en los lados, llenos de la sangre derramada por Jesús; y al pie de la cruz, María orando por Camilo.

El 6 de julio hizo que todos los padres y hermanos se sentaran, y habiendo pedido licencia al Padre General para decir algunas palabras, les exhortó a todos a la observancia del Instituto, en particular a la fervorosa caridad con los enfermos, a la unión y caridad entre sí mismos, a la pureza del corazón y del cuerpo, a la pobreza, obediencia y humildad, que no perdiesen el ánimo por las grandes borrascas y persecuciones que había vivido la Orden, porque todos los principios eran dificultosos. Al fin, derramando muchas lágrimas, según su biógrafo Sancio Cicatelli, dijo: “Padres y hermanos míos, yo pido misericordia a Dios, y después demando perdón al Padre General y a todos los demás, de cualquier mal ejemplo que les haya dado en el pasado, asegurándoles que más ha procedido de mi poco saber, que de mala voluntad”. Y a todos, presentes y ausentes, les dio la bendición.

A continuación, el Padre General y los presentes le pidieron perdón y se despidieron entre lágrimas, besándole las manos.

A las visitas que recibió después, aunque principales, les dio este recado: “Por mi amor que me excuséis con estos señores, que yo he ya recibido el Santo Óleo y me quiero retirar un poco dentro de mí mismo”. El padre Marcelo Manfio le dijo a Camilo: “Padre, estos señores vienen por consuelo de sus almas, vuestra Paternidad los admita, que irán desconsolados por no verle”. Respondió Camilo: “¡Qué quieren ver, sino un cuerpo casi corrompido, postrado en una cama, como un cadáver; si esto desean, vayan a los hospitales, allí hagan obras de caridad y consuelen los enfermos, y no quieran hablar al primero en los perversos hombres del mundo! Además, padre Marcelo, que una vez sola se muere, y yo debo procurar morir bien”.

Le trajeron el cuadro que había encargado, pero el confesor había hecho pintar al mismo padre Camilo arrodillado ante la cruz, junto a la Virgen. Camilo exclamó: “Señor, vos sabéis que no ha sido esta mi intención; pero como habéis querido que me pongan debajo de vuestros pies, y de la protección de vuestra Santísima Madre, sea para que yo espere más misericordia, y que me caiga alguna gota de vuestra sangre, que con abundancia me purifique” . Quiso acomodar el cuadro en lugar donde le pudiese ver para meditar el misterio que representaba, como hiciera San Agustín con los Salmos Penitenciales.

Le pidió al enfermero que cuando se muriese, que le repitiese palabras de esperanza hasta cuarto de hora después de muerto.

Según sus escritos, el 10 de julio Camilo confirma su Testamento espiritual que pediría que se lo pusieran al cuello después de muerto. Al demonio tentador le deja Camilo “todos los pecados y todas las ofensas que he cometido contra Dios”; al mundo, “todas las vanidades”; a Jesús, “mi alma”; a San Miguel Arcángel, “todo el intelecto”; a María Virgen y Madre, “mi voluntad”; y de nuevo a Jesús crucificado, in extremis, “todo mi ser, en alma y cuerpo”.

La mañana del domingo 13 de julio le dijo a un padre que le velaba: “No sé si estos padres han pensado ya en las cosas necesarias para mi entierro”. Respondió el padre que ya se había hablado de eso. Añadió Camilo: “Advertid que no hay más tiempo que mañana”.

La mañana del 14 de julio, último día de su vida, le visitó de nuevo el Cardenal Ginnasio Protector. Después preguntó qué hora era, al escuchar dar el reloj. Eran las ocho. El dijo “cómo tan tarde, que esta será la última Misa que oiré”. Estaba realmente preocupado por su salvación. Acabada la misa rogó al confesor que no se apartase de su cama por si le viniera a la mente alguna cosa que pudiese confesar.

Al médico, después de agradecerle, le dijo: “Otro médico me espera”. Así pasó algunas horas rodeado de los suyos hasta que, a las 21.30, falleció a los 64 años de edad, 40 años después de su conversión y 28 después de que aprobó su Congregación Sixto V y 20 después de elevada a Orden por el papa Gregorio XIV. Fue enterrado por la noche, por indicación del papa, a la vista del revuelo que se generó en Roma.

 

A la muerte del Fundador , la Orden Ministros de los Enfermos contaba con 299 religiosos, 154 sacerdotes y 145 hermanos, en 17 casas repartidas por casi toda Italia y divididas en 5 provincias .

Hoy, al celebrar el recuerdo de aquel 14 de julio de 1614, podemos quedarnos con algunas de sus bendiciones, como la del 10 de julio de 1614: «Con esto acabo, enviando a todos (en cuanto me es concedido por Dios nuestro Señor, y de su parte) mil bendiciones; no solo a los presentes, sino también a los futuros que sean operarios de esta santa Orden hasta el fin del mundo».

José Carlos Bermejo

Despidiendo la semana con un cuento

El niño y los clavos.

Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día, su padre le dio un abolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavas un clavo en la cerca de detrás de la casa.

El primer día, el niñ clavó 37 clavos en la cerca. Pero poco a poco fue calmándose, porque descubrió qeu era mucho más fácil controlar su carácter que clavas los clavos en la cerca. Finalmente, llegó el día en que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre, y entonces éste le sugirió que por cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca. Los días pasaron, y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó de la mano a su hijo a la cerca de atrás.

-Mira hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros qeu quedaron en la cerca. La cerca nuunca será la misma de antes. Cuando dices o haces cosas con mal genio, dejas una cicatriz, como este agujero de la cerca. Es como meterle un cuchillo a alguien: aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya está allí. No importa cuantas veces pidas perdón: la herida ya está allí. Y una herida física es igual de grave que una herida verbal.  Los amigos son verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchas, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.

Para reflexionar:

-Las consecuencias de mi carácter, cuando no es el adecuado, las suelen pagar…

-Quizá puedo quitar “clavos” de alguna cerca en la que los tengo puestos desde hace tiempo.

-Cuando siento que soy víctima del mal carácter de otros, yo podría…

Gran día de San Camilo

El viernes seis de julio celebramos en el Centro San Camilo la fiesta en honor a nuestro patrón.

Un día de emociones y ambiente familiar coronado por una cena compartida por los trabajadores, voluntarios y toda persona que se acercó a celebrar con nosotros la alegría de estar al servicio de los enfermos.

La jornada comenzó con la presentación por parte de Consuelo Santamaría, querida amiga, de san Camilo como sanador herido, nos presentó el currículum de vida de nuestro patrón, el cual, sabiendo trascender sus dificultades llegó a enviarnos a la misión que hoy continuamos.

 

Después celebramos la eucarística con la participación de Mons. José Cobo, obispo auxiliar de Madrid. Una emotiva celebración en la que nos unimos todos en la oración y la comunión al rededor de san Camilo.

La jornada finalizaba con las palabras del hno José Carlos Bermejo delegado provincial de la provincia española, en la que nos recordaba las palabras de san Camilo en sus últimos días, vividos con intensidad y buscando una “buena muerte” a pesar de las dificultades. También nos dirigió unas palabras José Cobo que nos pidió unidad, espiritualidad y creatividad para afrontar junto a la iglesia de Madrid los retos de nuestro tiempo.

Finalmente compartimos un fantástico concierto de Jazz que dio paso a la velada en Bucchianico donde estuvimos hasta bien entrada la noche. En definitiva celebramos la alegría del servicio alrededor de la figura de san Camilo en un ambiente de hogar disfrutando del encuentro de todos aquellos que apostamos porque se puede construir un mundo más humano empezando por el cuidado de las personas que sufren.

¡Feliz san Camilo!

Mons. José Cobo y José Carlos Bermejo

En el Centro San Camilo, el obispo auxiliar de Madrid, José Cobo y José Carlos Bermejo comparten horas de celebración de San Camilo, con mensajes de refuerzo de la creatividad del carisma camiliano en la iglesia de Madrid y de España. Una cultura de la salud con su sano foco espiritual es reclamada por Cobo.

Continuar leyendo “Mons. José Cobo y José Carlos Bermejo”

Despidiendo la semana con un cuento

La isla de los sentimientos

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos:
La alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor. Un día se avisó a los moradores de que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el amor se quedó, porque quería quedarse un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese.

Cuando, por fin, estaba ya casi ahogándose, el amor comenzó a pedir ayuda. En eso venía la riqueza, y el amor le dijo:

– ¡Riqueza, llévame contigo!

– No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti!

Entonces le pidió ayuda a la vanidad, que también pasaba por allí.

– ¡Vanidad, por favor, ayúdame!

– No te puedo ayudar, amor. Tú estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo …

Entonces el amor le pidió ayuda a la tristeza:

– Tristeza, ¿me dejas ir contigo?

– ¡Ay, amor! Estoy tan triste que prefiero ir solita.

También pasó la alegría, pero ella estaba tan alegre que ni oyó al amor llamar. Desesperado, el amor comenzó a llorar. Entonces fue cuando una voz le llamó:

– Ven, amor, yo te llevo.

Era un viejecito, pero el amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre. Pero al llegar a tierra firme le preguntó a la sabiduría:

– Sabiduría, ¿quién era el viejecito que me trajo aquí?

La sabiduría respondió:

– Era el tiempo.

– ¿El tiempo? Pero ¿por qué sólo e.l tiempo quiso traerme?

La sabiduría respondió:

– Porque sólo el tiempo es capaz de ayudar y entender a un gran amor.

Para la reflexión:

– El modo en que amo se puede describir con otros sentimientos que lo acompañan …

– ¿Qué significa para mí que el amor sea «sabio» y «que necesita tiempo» …?

– Puede que algunas veces deje o haya dejado morir el amor a causa de …

Sollozos secos

Esos duros momentos…

 

En estos duros momentos,

En estos crudos recuerdos,

En estas ausencias, en estos desiertos…

 

En estas distancias, en estos lamentos,

En estas tirstezas, con estos esfuerzos,

En estas tensiones del gran contratiempo,

Me busco la espalda y no me la encuentro.

Se pierde mi adentro.

 

En estos y en estos, en tan malos momentos,

Tantas situaciones vividas desde dentro

En que el alma se escapa por sollozos secos.

 

Te veo en las bondades de los que me encuentro

Te veo en la vida de lo que había muerto,

En la paz que brota casi sin aliento

Y en mi poca fe, que me hace más nuevo.

 

…y ahora que el tiempo y el viento han volado,

Tanto como sobra: dudas, culpas, miedos;

Que tal la luz serena y la calma han llegado,

Aunque el alma aún se escapa por sollozos secos.

 

Te veo en las bondades de los que me encuentro

Te veo en la vida de lo que había muerto,

En la paz que brota casi sin aliento

Y en mi poca fe, que me hace más nuevo.

 

Que la luz serena y la calma han llegado.

Reflexión del Hno. José Carlos Bermejo tras su viaje a Taiwán

Nos hacemos eco de la reflexión del Hno. José Carlos Bermejo delegado provincial de la Provincia Española de los religiosos camilos que la semana pasada concluyó su viaje por varias poblaciones de Taiwán.

“Los Superiores Mayores de los camilos del mundo nos hemos reunido en Lotung (Taiwán) con la Consulta General del 18 al 23 de junio. Como todos los años, intercambiamos experiencias y hablamos de cómo va la vida de la Orden y de las Provincias, con una perspectiva mundial.

Esta vez hemos prestado atención particularmente  la presencia y trabajo de los camilos en Taiwán, Vietnam, Indonesia, Filipinas, Thailandia, India. La presencia es creciente y la proyección tiene sabor misionero, joven, creativo, apasionado. Son fundaciones nacidas de los misioneros italianos. Tienen el reto de la formación de los propios religiosos (por ser la mayoría jóvenes), que lo afronta con buena estrategia de apuesta por formarse no solo en teología, sino también en otras carreras vinculadas con el mundo de la salud.

Una grandísima atención la prestan a los enfermos de sida, niños, adultos, personas al final… El sida está silenciado en nuestros días, sin embargo, los enfermos existen, los excluidos también, las situaciones socialmente empobrecidas son terribles si no hay solidaridad compasiva para con ellos.

Los modelos de presencia de los camilos en el mundo no son uniformes. En algunos lugares existen grandes hospitales y centros de formación; en otros, pequeños centros con atención muy próxima y más dirigida a los más excluidos. Una variedad que muestra diferentes sensibilidades en torno a un mismo carisma, que es hermoso verlo expresado por todo el mundo.

Siempre será un desafío promover la cultura sobre el carisma camiliano en términos teológicos y pastorales, cosa que no harán otros, sino nosotros mismos”.

Esperamos que la reflexión de José Carlos nos ayude a renovar nuestra vocación misionera, sobre todo con los excluidos y los que quedan en las periferias de nuestras propias comunidades.

La experiencia de compartir la misión que realizan otros en diferentes lugares del mundo es una vía privilegiada para la mejora y el enriquecimiento de nuestra propia acción pastoral. Por ello aprovechamos para agradecer a todos los hermanos repartidos por el mundo que comparten nuestra misión y con los que somos capaces de humanizar más allá de las fronteras.

 

Comienzo del curso intensivo de Pastoral de la Salud

Comienza una semana de aprendizaje y discernimiento que nos ayudará a acompañar mejor a las personas que sufren.

Hoy da comienzo el Curso intensivo de Pastoral de la Salud, una formación referente para toda aquella persona que desee crecer en conocimientos y habilidades para el acompañamiento espiritual de las personas enfermas.

Es sin duda un orgullo para los religiosos Camilos tener la oportunidad de repetir un año más este curso que forma parte de nuestra identidad. En ella nuestros docentes dirigidos por el Hrn Jose Carlos Bermejo Provincial de la provincia española imparten una formación basada en la experiencia y el aprendizaje de muchos años acompañando a personas ante la enfermedad y el final de su vida.

Desde este lunes hasta el viernes los alumnos participaran de una formación completa e integral abordando temas como las habilidades del counselling aplicadas en el acompañamiento espiritual, las calves de la liturgia propia del final de la vida, los fundamentos teológicos en el mundo de la salud, la psicología de las personas enfermas, una introducción a la bioética, claves de la pastoral en las parroquias, etc.

Podremos compartir también los encuentros en la “Casa de la palabra”, un agradable espacio de diálogo en el que compartir conocimientos y experiencia alrededor del tema de la esperanza.

Esperamos que esta semana aporte a nuestros alumnos todo lo necesario para llevar a las personas que sufren en la enfermedad el acompañamiento y cuidados que necesitan al ejemplo de Jesús y la vocación de San Camilo.