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17/11/11

“Me siento muy feliz de ser religioso camilo. ¡Ojalá me hubiera decidido antes para haber disfrutado más!”

Luis Armando es religioso camilo desde los 25 años. De origen brasileño, ha vivido en Argentina e Italia y lleva diez años en España. Actualmente trabaja como agente de pastoral en la capellanía del Hospital Universitario de la Fe de Valencia, en la comisión diocesana de pastoral de la salud y en un equipo de atención domiciliaria de cuidados paliativos acompañando a personas al final de la vida. Es profesor y colaborador de varias revistas en las que intenta promover una cultura de la humanización de la salud. ¿Cómo conociste a los religiosos camilos?

Yo nací en el Hospital San Camilo de Sao Paolo, que está al lado de la curia provincial de la provincia camiliana brasileña. Fui bautizado y recibí la primera comunión por un religioso camilo que más tarde fue compañero de comunidad. Así que desde niño conocí la vida de San Camilo y el trabajo de la comunidad de los religiosos camilos. Ellos crearon un ambulatorio en un barrio obrero y fueron los primeros en ofrecer asistencia religiosa a los emigrantes italianos. Incluso conocí al padre Fundador de la provincia brasileña, al P. Inocente Radrizzani. Así que desde niño admiraba el estilo de vida de los religiosos camilos. Toda mi formación cristiana ha estado marcada por la impronta camiliana que recibí en la infancia. ¿Cuándo te planteas la vocación religiosa? Después estuve unos años alejado de la iglesia y regresé a ella de la mano de otro religioso camilo, el P. Dionisio Costenaro. Yo estaba trabajando en una cadena de radio como gerente de programación y en cierta ocasión el P. Dionisio visitó la emisora para realizar una entrevista. Durante la misma fui recordando todo lo que yo había vivido desde niño y se despertó en mí el deseo de profundizar en la amistad con él. Esta amistad se transformó en un proceso de discernimiento. Comencé a colaborar como agente de pastoral en el Hospital Clínico universitario de Sao Paolo cuya capellanía llevaban también los religiosos camilos. Cuando tenía mi vida resuelta sin deber nada a nadie, fue apareciendo la pregunta de por qué no dar el paso e intentar consagrarme al servicio de los enfermos. Y, a los dos años, ingresé como postulante de la Orden en la misma parroquia donde fui bautizado. ¿Cómo lo vivió tu familia? La verdad es que al principio el entorno no lo entendía muy bien ya que gozaba de una buena posición. “¿Estás loco? ¿Has tenido alguna desilusión?” Eran algunas preguntas que me hacían mis familiares y amigos. Mi respuesta era: “todo lo contrario. Me encuentro muy bien y por eso tomo la decisión de hacerme religioso”.

¿Cuál ha sido tu recorrido como religioso camilo? Mi provincia de origen es la provincia brasileña. En ella ingresé y realicé toda la etapa de formación inicial: postulantado, noviciado y 2 años de juniorado. Un verano tuve una experiencia de trabajo en el Hogar de San Camilo de Vagues donde viven personas con discapacidad. Esta experiencia me marcó y solicité incorporarme a esta comunidad de la Delegación Argentina que pertenece a la provincia española. Después de unos años de trabajo allí continué los estudios en Buenos Aires y Roma donde me licencié en Teología Pastoral Sanitaria en el Instituto Camillianum. Finalizada la formación regresé de nuevo a Buenos Aires para ocuparme de la acogida y acompañamiento de los postulantes y de la dirección del Centro de Humanización y Pastoral de la Salud por un período de tres años. Fueron unos años muy intensos. Todavía tengo a Argentina en mi corazón. Después me trasladaron a España donde he trabajado en el Centro San Camilo de Tres Cantos por un periodo de siete años. En la actualidad vivo en Valencia y trabajo en la capellanía del Hospital Universitario de la Fe y en la Comisión diocesana de Pastoral de la Salud. Después de unos años de vida religiosa, descubres tu vocación como presbítero...

Yo he disfrutado cada una de las etapas que he vivido como consagrado. Primero como hermano y en la actualidad como diácono. El diaconado me ha permitido saborear la Palabra de Dios y ejercer el ministerio de la caridad. Después de un largo proceso de discernimiento ahora llego al presbiterado con la ilusión de seguir gozando como lo hice en mis etapas anteriores. ¿Qué te aporta la experiencia de acompañar a personas al final de la vida? Es una de las experiencias más bonitas que una persona puede tener en la vida. Cuando una persona es consciente que su vida está finalizando, realiza un balance total sobre lo vivido. Algunas son conscientes de que su vida no ha sido una vida vivida con plenitud, que se dejaron llevar por opiniones ajenas, que en algún momento hicieron daño a personas queridas llegando en ocasiones a tener sentimientos de culpa muy intensos. ¡Cuántas veces juzgamos muy severamente nuestros errores y equivocaciones! Pero al hacer este balance también aparecen momentos de la vida llenos de luz y muy bonitos surgiendo lo mejor de cada persona. En los últimos momentos de la vida de una persona surgen también las preguntas por la calidad de los vínculos y sobre el sentido de la existencia. Los agentes de pastoral intentamos acompañar a estas personas facilitando ayuda para que integren su vida y encuentren sentido a la misma. A mí me personalmente me ayuda a descubrir la importancia de la calidad de las relaciones que vamos tejiendo a lo largo de la vida y que es lo que te llevas a la tumba. Todas las demás cosas tienen una importancia relativa. En cambio, la necesidad de amar, de ser amado y encontrar sentido a la existencia son esenciales para la persona. ¿Merece la pena ser camilo?

¿Cómo? He tenido momentos difíciles pero es la decisión de mi vida de la que no me arrepiento. Me siento muy feliz de ser religioso camilo. ¡Ojalá me hubiera decidido antes para haber disfrutado más!